miércoles, 7 de junio de 2017

Día de la Humana Fraternidad

El arquetipo de Géminis abarca la interacción con lo cercano, la inteligencia, la palabra, la agilidad mental, el juego con las palabras, el aleteo de la mariposa. La misma mariposa que era considerada simbolo del conocimiento en la antigua grecia. En el desarrollo humano corresponde a la adqusición del lenguaje en la infancia. Lo que ahora se llama destreza en lectoescritura. El desubrimiento del otro inmediato que no soy yo aunque aún no lo sé ni me preocupa mucho... el hermano, el vecino, el compañero de pupitre o de transporte escolar. El primo, el compañero de juegos...

La imagen tradicional del mito son dos hermanos. La hermandad es la relación establecida por el hecho de tener los mismos padres. Así pues, en cierto sentido todos somos hermanos, de una hermandad universal. Ese es el polo sagitariano, opuesto al geminiano, que nos abre a los horizontes lejanos del peregrino que descubre en su camino que todos somos hijos del mismo Ser y por tanto todos hermanos...

En el nivel interno, esos hermanos son los dos potenciales generos que todos tenemos como herencia potencial y que también experimentamos en diversos modos estructurados en torno al juego de los opuestos polarizados o coordinados: ojos, oidos, narices, extremidades... Tenemos un montón de órganos dobles que nos introducen en la experiencia y posibilidad maravillosa que ello genera. Desde el pensamiento bi-cameral, el sonido estereofónico, la visión tridimimensional, los brazos en pinza o el desplazamiento alternando el apoyo en las piernas. Debemos la mayor parte de las habilidades de nuestra especie a la capacidad de contrastar informaciones casi gemelas y construir a partir de ellas un sentido de orientación multidimensional...

El plenilunio de Géminis es el tercero que sucede en la primavera boreal. 

El primero, con El Sol en Aries y La Luna en Libra, está asociado a la pascua judía y cristiana, el comienzo del calendario litúrgico de armonización entre la vibración lunar y la solar mediante la cruda exposición del impulso manifestador y su diálogo con la existencia del otro. 



En la dialéctica judía la pesaj conmemora la noche del exterminio que dio lugar a la liberación colectiva del sometimiento en Egipto. Simbólicamente se renuncia a las levaduras, a lo que hacía continuidad cotidiana en el hogar, pues se emprende un viaje que exige el desprendimiento de los apegos anteriores. 



Gustavo Doré - La Resurrección
En la pascua cristiana se conmemora el descenso voluntario a la muerte necesaria y un nuevo modo de ser a partir del sacro oficio de servir a los demás: la resurrección. Resurgere es volver a levantarse, es por tanto la nueva vida que supera toda caída anterior.





En el esoterismo es también la fecundación del cuerpo solar que nacerá nueve meses después en el solsticio de invierno boreal. La encarnación del Logos expresada en tantos mitos de héroes solares y que en nuestro eón denominamos navidad.




El segundo, con El Sol en Tauro y la Luna en Escorpio, está asociado con la conmemoración que el budismo llama wesak o vaisaka. El día de Buda. Aquí la armonización entre la vibración solar del apego taurino y el desapego escorpiónico es obvia a través de la vida y enseñanzas de Buda, de quien se dice que nació, se iluminó y murió en días de esta oposición solilunar. Buda como humano simple pero esforzado, describe la tenacidad en la búsqueda del origen del sufrimiento que él identifica en el apego; el camino para la liberación a través de ocho aspectos de la nobleza y la entrega perpetua del tesoro obtenido renunciando a su disfrute particular en beneficio de todos los seres.


En el esoterismo es uno de los ejes de La Esfinge (el otro es Leo/Acuario) que conforma los dos pilares esenciales en relación al mundo material: la ilusión de toda percepción y la necesaria acción concreta en el servicio a los demás mediante el cual expresamos quién somos.


El tercero, con El Sol en Géminis y La Luna en Sagitario, que ahora celebramos, es el día de la Humanidad. Algunos grupos lo nombran de El Cristo, del Servicio o de la Buena Voluntad. En esencia es la armonización de la vibración solar de la individualización expresiva con la comprensión global. El peregrino que hace grandes mapas con los pequeños mapas cotidianos. El individuo que amplia su filiación aislada a través de sus hermanos y hermanas, de todos sus primos y compañeros coetáneos para abrirse a su pertenencia la especie, a la gran cadena del Ser y la Vida.






Esta labor de integración que se ofrece ahora se aplica en el exterior desdibujando las diferencias menores frente a todo lo común; aprendiendo que la comunicación que en Babel condujo a la maldición del no entendimiento y de la impotencia consiguiente para obtener resultados, puede ser superada mediante el aprendizaje de diversos idiomas, la traducción, la comprensión y verificación de lo compartido. Porque los individuos de una especie tienen más en común de lo que les diferencia. 

Eso en el exterior.


Y hacia el interior mediante la comprensión de que esas diferencias que te hacen único, especial y singular;  contienen en sí el germen de todo lo que careces. Comenzando con lo más obvio: el género. Pues si genitalmente has sido orientado para una determinada función en tu esencia conservas la potencialidad de la totalidad. Pues el género, tal como expresa el símbolo del yin yang y la historia de Inzanami e Inzanagi, el de Fu Xi y el de tantos otras parejas de dioses/hermanos, es una polarización de la naturaleza esencial para el dinamismo, para la relación y la creación. Esencial en la estructura física de todo el universo del cual somos parte participante, parte resultante y parte creadora.


Me propongo en esta Luna Llena el diálogo, la dialéctica, interna y externa, hablando y escuchando, conmigo mismo y contigo, con la oscuridad y la luz, con todo lo que sea que se exprese, para atisbar siquiera sea por un momento, ese Todo que me hace, que te hace, que nos hace, y que hacemos. Cuento contigo. Estés dónde estés.


Celebramos haciendo tertulia e Hanuman Yoga Estudio, de Gijón, donde hablaremos en torno al tema del género y la polaridad. ¿Lo femenino y lo masculino están condenados al conflicto o pueden cooperar?
Ya que en nosotros mismos también tenemos esa polaridad, ¿cómo lo experimentamos? ¿podemos aspirar a ser el andrógino de los mitos? ¿las tensiones sociales entre masculinidad y feminidad reflejan las tensiones individuales o viceversa?

Si te interesa asistir visita mi FB, la página de este blog o manda privado.





sábado, 27 de mayo de 2017

El misterio del andrógino



El andrógino es símbolo usado en la sabiduría perenne para indicar la doble naturaleza que habita en todos y que todos estamos llamados a integrar.
En cierto libro llamado El Kybalion, se describe con certeza la diferencia entre dos principios esenciales, el de polaridad y el de generación

El cuarto principio llamado Polaridad, nos recuerda que las oposiciones sólo son en grado pero no en esencia y que los polos sirven y expresan modos diversos de expresar una dimensión determinada pero cuya naturaleza es compartida. Es muy claro que frío y calor siendo en apariencia opuestos comparten ser ambos expresión de la temperatura.

El séptimo principio llamado Género, nos recuerda que los polos cumplen una función universal que permite la replicación de la vida en diversos modos y estrategias mediante la encarnación en lo denominado yin/yang, masculino/femenino o, en el plano genital, macho y hembra. 

Comprender esta universalidad y también la no identificacion entre polos y géneros. La simplifiación que llamamos coloquialmente maniqueísmo (cuyo profundo sentido se ha vulgarizado) se traduce en una visión extremista e irreconciliable que percibe y describe un mundo en blanco y negro.
Sobra decir cuanto cambia la existencia cuando se pasa al manejo de los matices, de la infinita gama de grises que se despliega en el juego de interaccion entre claro y oscuro. Y ya sonará a fantasía la capacidad de percibir y expresar un mundo colorido, brillantemente tamizado de matices sutiles, de flores y penachos, de plumas y arcoiris que tan gloriosamente muestra la generosa Natura.
 


La neomenia (luna nueva) de Géminis de 2017 ha tenido lugar el día 24 de mayo a las 19:48 UT.
En ese momento La Luna y El Sol juntos en 4º 46´ de Géminis dieron comienzo a la nueva fase del ciclo anual.


Siendo este el momento exacto, sin embargo desde el punto de vista de la magia tradicional, no se recomienda ese instante para comenzar los trabajos de "siembra", sino a partir de la segunda tarde siguiente, momento en el que ya puede ser visible, si las condiciones climáticas lo permiten, el primer hilo de luz solar reflejado en el satélite terrestre.

El mapa celeste de ese momento ya tiene cambios significativos...
La luna forma el primer semisextil con El Sol, es decir ya está a 30 grados zodiacales. Es decir, ya ha recorrido 1/12 del ciclo



Así tenemos dos momentos diferentes. Uno lo conocemos mediante el cálculo, el conocimiento abstracto, la suposicion de la regularidad de los ciclos cosmicos. Es por tanto un conocimiento teórico.
El otro parte de la observación directa, visual, sensorial. Es por tanto una experiencia.

También podemos verlo como un momento inconsciente (no visible) y un momento consciente (vsible). Esto queda patente en la Luna Llena que al ser totalmente visible (consciente) se elige la noche de mayor cercanía al momento astronómico exacto para los trabajos mágicos. Tambien es cierto que no son trabajos de siembra, de comienzos, sino de toma de conciencia de la dualidad, de sociabilidad, generación o resolución de conflictos.

Hay varios modos de efectuar la siembra y muchos métodos mágicos para potenciar tal acción. En la medida en que no todo el mundo tiene la formación ni la capacidad para el trabajo mágico, no entraré ahora en consideraciones al respecto.

Sin embargo creo asequible para muchas personas una tare tan simple como la sintonización. Algo que culturamente todos los conocemos y realizamos sin mayores reparos morales o conflictos de creencias. Con el comienzo del año civil "sintonizamos" con la energía limpia y clara de los comienzos y realizamos propósitos que encarrilen nuestas vidas en el tiempo que nace.
Cuando veas ese primer hilito de luz solar iluminando la luna del atardecer haciendo una figura de paréntesis final ) a modo de gigante emoticono sonriente, sabe que es tiempo de inicio, de renovación de rumbo, para reorientar tus actos hacia un objetivo por venir, hacia un puerto deseado. Siente la alegría del viento en popa para desplegar tus velas y surcar las aguas del futuro con confianza y la mejor de tus aspiraciones.
Esta analogía puedes aplicarla en el modo que sientas mas asequible y que seguramente reconocerás en tus experiencias cotidianas.

Reservamos la siembra deliberada y más elaborada para quienes se sientan llamados a trabajos de mayor implicacón y compromiso. Para quienes confíen más en el inconsciente y su importancia para vivir enfrentados a los condicionamientos y los miedos que sujetan las paredes de la cárcel cultural en la que somos criados...

Cada uno a su modo participe en el kairós, el tiempo oportuno que El Sol en Géminis alumbra para danzar en hermandad con las polaridades y géneros que nos habitan y en las que habitamos.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La Puerta de los Dioses

Cuando dos planos se intersectan generan una línea.


La intersección de tres planos definen un punto cero.

Con centro en ese punto generamos una esfera de radio unidad.

Esta invocación del centro esférico es una construcción geométrica de indudable valor para disponer de un modelo simplificado con el que construir analogías con el mundo real.

Si tomamos la intersección inicial de la primera línea como una vía de entrada a la esfera y la denominamos nodo, nudo o puerta, ya tenemos la analogía que buscamos.

Sí la esfera simboliza La Tierra, un plano es el del Ecuador terrestre y el otro el la Eclíptica (plano de traslación de nuestra nave Tierra en torno a El Sol), aunque en este caso no son perpendiculares, sino que tienen un ángulo de poco más de 23º, ya tenemos definidos cuatro puntos clave.

Los dos de entrada y salida de la línea  respecto a la esfera, serán los correspondientes a los equinoccios, y los dos de máxima distancia al plano ecuatorial, serán los solsticios.





Desde la perspectiva terrestre del hemisferio convencionalmente llamado Norte, cada cultura ha denominado a esos cuatro puntos de un modo singular. Puerta, pórtico o portal son expresiones muy adecuadas. También vado, ventana o cualquier otra expresión que aluda a un paso entre ámbitos diferentes, al igual que sus correspondientes ordinarios de la naturaleza o la arquitectura.




Y los momentos en que El Sol está en alguno de ellos son vistos, con bastante acierto, como visitas de La Luz, como pasos franqueables entre el mundo local y el vasto cosmos. De ahí que macrocosmos y microcosmos no son realidades excluyentes sino conectadas. Y aunque nuestra experiencia peculiar como residentes del mundo local, abstraidos con la hipnótica demanda de la realidad cotidiana, sea responder a las exigencias del entorno, en esos momentos es el macrocosmos el que se hace notorio en nosotros.

Ventanas de oportunidad para que nuestra dimensión extra-terrestre sea percibida y experimentada.




Y precisamente por esta universalidad de la experiencia, todas las culturas y civilizaciones han elaborado procedimientos rituales para participar de estos acontecimientos.

Algo que nos caracteriza como especie, es nuestra respuesta organizada a los acontecimientos cósmicos.

Otra característica de la vida humana es el uso de la polaridad para dotar de significado a nuestra existencia. Siendo la polaridad algo natural, la vida se sirve de ella para existir.

Ese es el pequeño secreto que albergamos todos en nuestro interior. Y no es una frase poética.

El corazón nace como un mecanismo primario de intercambio eléctrico entre sustancias simples que, a partir de unas diferencias de potencial eléctrico, se convierten en descargas generadoras de algo que acabamos por olvidar: el incesante latido que nos permite vivir en estos frágiles cuerpos.

Tomado del blog de Clarisa Angulo


Y del latido, el movimiento. Y del movimiento, la conciencia. Y de la conciencia, la aticipación y el recuerdo, desplazamientos virtuales en el eje temporal.

Y de la intersección entre pasado y futuro, la autoconciencia; función crítica, inasible y transitoria. Germen de la individualidad, del genio y del sufrimiento. Centro inestable y perverso que en su afán demandante de recursos origina el pecado del provecho, la tiranía de la autosuficiencia y la debilidad del parasitismo.

Nadie consideraría extraño que un cuerpo humano en la proximidad de un reactor nuclear se deteriore. Esa es la naturaleza del poder. No hay moral aquí, sino imperio de las leyes naturales.
Por ello reconocemos en todo poder no sólo su capacidad generadora y transformadora, sino también destructora.

Y por eso la vida se puede dar en La Tierra, más exactamente en la parte interior de su escudo protector del inmenso poder radiactivo de la estrella solar y de los otros millones de fuentes de radiación del universo. Pues la lección es evidente: al poder se le combate con el escudo de otro contrapoder. Olvidar esto es condena a la entropía.

Volvemos así a la polaridad, a la aparente oposición, que no es más que el juego natural de la circulación de la energía. Regla básica del universo. Energía vibrante que se ralentiza y espesa. Estratificación que genera mundos locales y transitorios en los que experimentar el juego de la energía que se materializa y de materia que se energetiza.

Y en este juego, aparición de las vidas como resistencias a la descomposición. Y con la existencia olvido de la vida que la originó.

Así pues, vastedad a nuestros lados, sobre nuestras cabezas y bajo nuestros pies. Vastedad en nuestro interior. Y vértigo, mucho vértigo ante la incertidumbre de la vida. De su capacidad para resistir el poder destructor de la radiación expansiva de la luz, de las diversas luces, visibles e invisibles.

Como solución, el olvido. La ausencia y el desprecio al todo. La concentración obsesiva en la recompensa del placer y en el gusto del instante. Nos volcamos en construir. Construimos con denuedo un universo local ordenado, predecible, categorizado y absorbente. Existimos y decimos que vivimos.

Genes usando cuerpos para desplazarse en el tiempo, para conservarse en especies que sobrevivan a toda costa.

Cuerpos usando genes para reproducirse, para reconstruir vehículos biológicos que luchen contra las volubilidades del entorno y la degradación a que los somete las agresiones del tiempo.

Tomado de sustainable pulse


Y asociaciones de cuerpos depredadores que no cesan de devorar para subsistir contra las inclemencias.

Familias, clanes, tribus, civilizaciones... hay que explorar cualquier sistema que permite mantener encendida la antorcha, que permita seguir avanzando en el camino viajero de guerrear contra la aniquilación.



Y de ahí los ritos, la expresión de una voluntad de cohesión transindividual que nos recuerde nuestra pertenencia a un holon mayor. Que nos recuerde que nuestro planeta no lo es todo, sino parte de un sistema que, si no nos destruye, nos hará mas fuertes.

Y en las cuatro puertas rendimos tributo a esa pertenencia. Y nombramos específicamente a la puerta del solsticio norte como Puerta de los Dioses, rememorando así las veces que la luz nos ha nutrido, las veces que el Verbo, el Logos Solar, se ha hecho carne, y ha habitado entre nosotros. Cada vez con un nombre y un cuerpo, con una anécdota y una biografía, pero siempre con el mismo espíritu. El Espíritu tamizado de la radiación cósmica que nos originó y que nos habita. Y en el que habitamos, pues nuestro ser es su Ser.




Y por eso, también celebramos la anticipación de su próxima encarnación. Cada vez más cercana por más que incierta.

Y también celebramos el paso por este portal, deseándonos mutuamente que se encarne en cada uno de los corazones, su lugar natural de residencia, para que desde allí manifieste su gloria.



Y cantamos y festejamos, nos agasajamos y convidamos, sofocando la frustración con la embriaguez del olvido. Expresamos así la polaridad de nuestro destino de especie, irrenunciable e inalcanzable, con la evidencia de nuestro destino particular de extinguirnos en brasas agonizantes.

Y nos contamos historias que los narradores ensalzan como vestales que mantienen llamas sagradas encendidas en los templos. Porque hemos hallado el modo de trasladar la luz al arte de narrar... pero esa es otra historia. 


sábado, 13 de febrero de 2016

Cielo interior



Magia: diálogo entre conocimiento y sabiduría 

El corazón comienza a latir a las pocas semanas de la gestación. La transmutación de un átomo genera toda la energía necesaria para el motor de la vida biológica. Enlazado con la cadena del ser, prosiguiendo con el impulso trascendente que da lugar a la manifestación de la vida orgánica. Así lo invisible del polvo estelar estructura el desarrollo de las formas en los distintos planos. De ahí el radical simbolismo del corazón como asiento del espíritu, como centro y motor de la vida individual en contacto permanente con el resto del cosmos. Fuego radiante que participa en la esencia de la luz más sutil. La sabiduría es la pertenencia al orden superior que se manifiesta mediante nuestra existencia.


El desarrollo del tubo neural genera la aparición de los otros dos grandes centros. Uno, encargado de la supervivencia de la forma en el espacio, de la nutrición y de la transformación se aloja en el abdomen. La sabiduría visceral ligada a la participación en el medio planetario y la cooperación con el resto de formas vitales.

El otro, encargado de la navegación en el tiempo, capta las radiaciones electromagnéticas y en especial la luz. Elabora lo percibido y maneja la información, diseña y ejecuta modelos, explorando posibilidades y anticipando situaciones. Elabora trayectorias, para lo cual almacena informaciones pasadas, intercambia datos, se comunica y no cesa en su función elemental de crear conocimiento mediante la inteligencia.

La civilación mesopotámica creó una cultura organizada sistemáticamente en tres ejes: la sabiduría primigenia aplicada a la obtención de conocimiento y su aplicación práctica. Su sistema llega hasta nuestros días mitificado como magia: la capacidad de operar sobre el entorno de modos sobrenaturales. Otra herencia lingüística de aquella época es la medicina, o ciencia de los medos. Las regiones de Magia y Media son el origen de las artes médicas y mágicas: las de los cuidados de lo natural y de lo sobrenatural.

Podemos considerar la magia compuesta de tres ámbitos: astrología, alquimia y teurgia. La astrología se ocupa de lo cósmico y planetario. La alquimia de los procesos de la materia, sus interacciones y evolución. La teurgia trata sobre las energías sutiles personificadas en diversas jerarquías y entes espirituales. 

No es posible ocuparse de un fragmento de la realidad en el que no aparezcan implicadas referencias a la totalidad de lo humano.  Aunque deliberadamente intentemos abstraernos o limitarnos, un observador entrenado hallará en qué modo estamos reproduciendo esquemas que corresponden a otros ámbitos.


Astrología: el engaño moderno

La supuesta recuperación de la astrología por parte de la new age, ha conducido a una popularización y vulgarización inevitables. La pérdida del sentido mistérico, la desconexión de los linajes formativos y la pérdida de la visión integral, conducen a diversas aberraciones en el uso de los conocimientos antiguos y una mezcolanza poco elaborada mediante refritos o combinados con las aportaciones de las actuales investigaciones científicas y sus variadas divulgaciones. Todo en aras de mantener un suminstro de sucedáneos vendibles por el sistema económico a los sedientos e infantilizados individuos desacralizados del mundo moderno.

Uno de los errores más comunes a los que lleva el estudio de la astrología (y demás conocimientos afines) es de la externalización. Una especie de proyección y dependencia de unas regencias externas causantes y responsables de los devenires personales y sociales. Este reduccionismo hace que las personas se sientan deslumbradas inicialmente por la comprensión de la pequeñez humana en un vasto cosmos, con gigantescas fuerzas operando en dimensiones inabarcables. Lo que inicialmente es una apertura a los cielos exteriores se convierte las más de las veces en una especie de determinismo que debilita no sólo la capacidad sino también la responsabilidad individual. Esta debilidad implícita, reforzada por una misma actitud procedente de otras muchas disciplinas, como la psicología y la economía, deriva en el citado infantilismo que lleva a la perpetuación de esquemas de sumisión ante figuras poderosas o prepotentes.

Como solución a esto propongo la visión de la astrología como descriptora de el cielo interior: el que tu habitas. El cielo de tu propio hogar personal que te revela tu propia constitución a medida que lo exploras y reconoces en tu vida y experiencia cotidiana. En la medida en que tu experiencia en el mundo del conocimiento sea una oportunidad para el redescubrimiento de tu sabiduría perenne, la presencia de las energías y ciclos cósmicos dejan de ser elementos externos o distantes y pasan a formar parte de tu escena personal, de tu campo de influencia directa. Esto deviene en fortaleza y responsabilidad sobre tu propia realidad. Hacerse cargo de la propia vida es el mejor regalo que se me ocurre podamos recibir y dar a otros. A partir de este nuevo centro redefinimos la identidad y la acción, la comprensión y la relación con nosotros mismos y con el resto de la humanidad.

domingo, 29 de noviembre de 2015

La neurosis de explicar

  No es tan difícil librarse de la compulsión de explicar todo,
de entender siempre.

Basta con aceptar la importancia de la ignorancia
la sencillez de lo acontecido
la brevedad de lo vivible
la fragilidad de lo adquirido
 

El orín y el moho hacen su tarea
el aluminio y el plomo la suya
así casi nada permanece
más de lo que merece
así casi nunca lo sabido
es digno de ser compartido


Dejando de ser exhaustivo
de cegarse buscando provecho
de almacenar lo anhelado
de acumular lo ansiado

Soltando la miseria y sus miedos
respetando al pozo inagotable
disponible y generoso
el río eterno de aguas trémolas

El aire mismo necesita llenar todo
hasta tus pulmones ensanchar.
Tú sólo exhala
para hacer sitio
para renovar

Así la vida no da certezas
no garantiza seguridad
ni caminos ni grandezas
ni un lugar al que llegar.

No hay tiempo escaso
ni prisa por partir
no hay causas y efectos
sólo apegos de entender.

Como naúfrago en el mar
sólo flotas si te sueltas
si te aferras
al fondo irás.

JS

viernes, 13 de marzo de 2015

Repensar el sexo y la sexualidad


El 14 de marzo de 2015 Saturno se pone retrógrado por primera vez desde que entró, en diciembre pasado, en Sagitario. Esto quiere decir que su movimiento aparente será el contrario al habitual hasta el mes de agosto.

Como "coniector", lector e intérprete de lo que acontece en el cosmos, se me pide que aporte mi "consideración" sobre este fenómeno. Lo que puedo decir de modo conciso es que comienza el que será un tiempo propicio para repensar la sexualidad.

Y la primera cuestión a plantearse es saber que es eso de la sexualidad... para cada uno, para su entorno cercano y para el colectivo al que pertenece.

Sugiero abrir la mente, abrir el pecho y escuchar al cuerpo.

El sexo así tal cual, vamos, la genitalidad del sexo, se corresponde con el arquetipo escorpiónico. Y en escorpio reflexionamos acerca de la vida, de su mecanismo de transmisión y también de su detención. Es decir de la muerte de lo individual y su transferencia mediante la replicación cromosómica. La reproducción, la transmisión de legados, tanto del "haber" como del "debe". Heredamos genes y karmas, bienes y deudas. Conocimientos y secretos que conforman las vidas particulares y se engranan en un rosario de linajes que se cruzan desde hace unos millones de años hasta la actualidad...

En sagitario, corporalmente asociado a caderas y muslos, ya no estamos en presencia del sexo genital aislado o concentrado, sino en el modo en el que este moviliza al cuerpo, al simio o más gráficamente al centauro que encarna el símbolo sagitariano por escelencia: un arquero híbrido con cabeza, brazos y tronco de hombre (o mujer) y resto de equino. Un ser fabuloso cazador de uros (etimología de centauro) cuya parte humana no tiene genitales y cuya parte animal no tiene cabeza...

Así lo sagitariano es una modalidad de lo jupiterino, del afamado Zeus, un cazador compulsivo deseoso de esparcer su simiente sin cabeza ni reparos. Las hazañas sexuales de Zeus y sus adaptaciones literarias y artísticas pueblan el imaginario colectivo. Y es que la sexualidad humana es básicamente imaginaria. Por ello es sexualidad y no pura genitalidad. Aunque la genitalidad es la primera víctima de ese imaginario al haber sido relegada a la sombra, a la parte trasera, no visible y alejada de la luz de la conciencia. Así vivimos la dualidad del hombre/mono del simio evolucionado que, no disocua la reproducción del celo, que oculta sus genitales a la vista pero se ve sometido por todo lo que oculta convertido en fuerza ciega para convertirse en destino. Veáse Edipo encamado con su madre por ignorancia y pasión.

Sagitario niega el sexo y es esclavo del sexo. Este fenómeno de como los contenidos arrojados a la sombra se convierten en destino está maravillosamente explicado por Jung. No en vano tenía en su Mapa de Nacimiento a Marte en Sagitario, equilibrando a Júpiter y Saturno y fluidamente conectado conectado con Urano. A él también le costó sinsabores integrar la pasión del centauro explorador de lo desconocido con el apasionado explorador de los encantos inevitables.

Y es que la sexualidad tiene un componente dinámico esencial en tanto representa un principio universal de la interacción de polaridades, pero que en la experiencia humana fue sacrificado como necesaria domesticación en aras de la construcción de las civilizaciones.

Una de las claves para transformar a las hordas simiescas en una organización social fue la manipulación de la sexualidad. Bueno, lo sigue siendo, sólo que tras tantos milenios apenas nos damos cuenta de los grilletes con los que está encadenado nuestro sexo, escondido tras un velo, un pantalón, un tanga o una hoja de parra.

Lo primero que se hizo, tal como cuenta a su modo el mito bíblico, fue tapar la desnudez, la piel y de modo especial lo que técnicamente se llaman caracteres sexuales primarios y secundarios. Tamaño y aspecto de los genitales y mamas. Así los mamíferos civilizados deben de expresarse a través de otros medios su realidad sexual.

¿Y cómo se podría haber hecho esto sin la intervención de un poder externo? ¿Qué animal por propia iniciativa ocultaría lo que precisa para realizar su tarea reproductiva? ¿Sólo cuestiones climáticas?


Lo que cuenta el mito es que sacando provecho (comiendo el fruto) del conocimiento del bien y del mal (moral) en su pretensión de rebasar la dieta impuesta por el proveedor del jardín de oriente y azuzados por una sibilina propuesta de endiosamiento, la primera cosa descubierta fue la desnudez, o sea la dualidad verdad/mentira. Así desde la sutil ocultación hasta la expulsión, el resto ha sido un corolario de lo que supone introducir en la ecuación del simio feliz la posibilidad de escindir la autenticidad de lo percibido y lo reaccionado, generando un espacio/tiempo para la distorsión, es decir la libertad de engañar y mentir. Fingir es por tanto un simbolismo básico en sagitario. Y aunque adalid de la verdad y la bondad, no alcanza la madurez hasta asumir los cientos de mentiras en los que se desarrolla su vida cotidiana. De ahí que las grandes profesiones sagitarianas sean maestro, médico, sacerdote, conquistador, misionero, legislador y periodista.  Por una coherencia lógica. Una vez perdido el paraíso y arrojado a la necesidad de fingir, crear un mundo virtual en el que todos mentimos y olvidamos nuestras miserias nos conduce a generar ideales sustitutorios de la autenticidad. Así nació la realidad.

En la mitología mágica, Marduk, otro trasunto de Zeus y Júpiter, vence en la batalla contra los dioses antiguos e instaura la civilización. En cada cultura el mito varía en lo accesorio pero confirma lo medular: Un forastero aparece y proporciona todos los elementos para fundar de modo repentino la civilización: el lenguaje, la observación e interpretación del cosmos y la naturaleza; la siembra y cosecha de los vegetales; el pastoreo productivo y contable, la medida y reparto de las tierras y los bienes; los propios bienes como propiedades, incluidos los otros congéneres, especialmente las hembras.

Todo en torno a la delimitación de lugares reservados (sagrados) para la explotación de recursos, el contacto con el cosmos y  el medio en tiempos y estaciones calculadas, la escritura, las normas y leyes... todo ello sometido a la autoridad central del poder encarnado en el monarca, del rey que regula la realidad y diligentemente administrado por el sacerdote y ejecutado por la fuerza manifiesta del general.

Y todo lo descrito está en los genes sagitarianos, en su capacidad de amplia visión, de organización, desarrollo y explicación descriptiva.

Por cierto, hay que recordar que todos tenemos algo de sagitario en nuestra constitución, pues Sagitario es una doceava parte del cielo y siempre está presente, por más que en nuestro nacimiento no haya ninguna luminaria ni planeta en ese sector. Lo zodiacal es el todo y cada uno de los signos es apenas un fragmento, un cuanta energético del espectro. Cómo dice el chiste nerd: me gustaria que fueras ultravioleta para verte con más frecuencia.

Como buen ejemplo de lo sagitariano me he ido con la flecha lejos, por las ramas y no he hablado de la sexualidad. ¿Seguro? Bueno, lo he dejado marcado desde el primer momento: hay que repensar la sexualidad... Pero eso será cuando Saturno se ponga retrógrado. Hasta entonces tomo nota de todos los comentarios y prometo (tanto cuanto vale una promesa sagitariana) responder con diligencia...

sábado, 28 de febrero de 2015

El arte de mandar

La magia atrae por su imagen popular e infantil de modo de lograr cualquier deseo.

 


Mientras que la religión ofrece un modo de comunicación con lo divino, a partir del reconocimiento de la propia dependencia, necesidad o agradecimiento, la magia incluye la voluntad, el propósito o quizás el capricho.

El mago o maga es un personaje sabio que no se limita a la intermediación del sacerdote, sino que, aparentemente, doblega a las entidades para sus propios fines.

El bautismo o iniciación cristiana confiere la dignidad de sacerdotes, profetas y reyes a quienes la reciben. Al producirse mayormente siendo bebés y de manos de operarios incrédulos, sus efectos se diluyen en un acto social y comunitario.

Si a esto añadimos la falta de retroalimentación de lo sagrado en una cultura materialista y el desengaño del resto de convicciones imbuidas por la hipócrita educación temprana, cuando se presenta la necesidad de alinearse en el mundo real, la mayoría se decanta por servir al dios Dinero o al dios Poder. Así se abandona la formación y los contenidos trascendentes. Este es el triunfo del materialismo sobre la espiritualidad.

Cuando los objetos proporcionados por el Mundo se ven impotentes de dar respuesta satisfactoria frente a las demandas de los tres mensajeros divinos -enfermedad, vejez y muerte- se vuelve hacia las nuevas formas trascendentes para buscar refugio.

La búsqueda se retoma carente de dirección, método y coherencia, en la mayor parte de las propuestas. Con el constante peligro para la salud, la razón, la fe e incluso la vida. Las guías seguras son escasas, los mapas incompletos y el acecho de la realidad consensuada, azuza el engrandecimiento del ego, siempre caprichoso, vanidoso e inseguro, por más que se presente como firme, potente y dominante. Pero cuenta con el apoyo una sociedad construida con sus valores, una sociedad egoísta, dispuesta a validar la supremacía de sus propuestas insidiosas en todas las esferas de expresión.

Así junto a los incorporados mandatos infantiles, coexiste la fantasía de omnipotencia y el deseo de transformación, en una pugna latente o explícita: quiero y no quiero, puedo o no puedo.

La realidad de adultos es otra. La iniciación mágica proporciona un nuevo sentido a las herramientas incorporadas de serie en nuestro equipaje. El instinto, la sabiduría, la percepción, la curiosidad y la osadía, ya no son mitos. Son facultades indestructibles, inasequibles al desaliento y motores para desplazarse por el camino único que nos es propio.

Dicen que el arte de mandar es saber dar las órdenes a quienes está dispuestos a obedecerlas. En la práctica de la magia se aprende que su eficacia va ligada a la capacidad para elegir que deseos o propósitos queremos que se realicen.

El discernimiento se ejercita con los inevitables errores y la meditación es fiel consejera. El silencio reconstruye nuestro entorno para redescubrir nuestra esencia y voluntad. Las adversidades conforman el paisaje y la ruta, por momentos, es magníficamente clara. Entre las nieblas inevitables y las oscuridades tenebrosas, crepúsculos de coloridos intensos expanden la conciencia de un centro particular no desconectado del resto de centros particulares. La aceptación de la unidad y la aceptación de la aparente multiplicidad se conjugan con asaltos de separatividad.

Es difícil sustraerse a la inevitable caducidad de todo estado de lucidez que reclama deseos de aferrarnos a esos instantes de comprensión, de pertenencia. Algo en nosotros quisiera permanecer. Pero como ya hemos descubierto que nada podemos por nosotros mismos y que hasta la propia noción de identidad está contaminada por el constructo egoico que opera tanto en lo interno como en lo social, optamos por la rendición.

El mago sabe que su caminar como mago no es más que un disfraz, un atuendo provisional para acomodarse a un universo en guerra. Vivimos en un campo de batallas milenarias entre dioses, energías o seres. Y en cada una de ellas servimos en posiciones diversas. No siempre podemos elegir. Pero elegir es de las pocas opciones que tenemos. Así, a cada puerta que atravesamos, nacemos a una configuración cambiante. En cada nivel del juego nuestro avatar cambia y se expresa en diversas modalidades. Tenemos existencia nutrida con vidas y vidas de cambio incesante. Con cada personaje disponemos de facultades y la opción de adiestrarnos en su uso. Ahora lujuriosos, ahora castos. Ahora perezosos, al instante diligentes…

Habitamos un ser que también es una encrucijada, un campo de batalla poseído por unos y anhelado por muchos. Vamos alimentándonos de otros y otros se alimentan de nosotros. Eso nos desprende de cada posesión, querámoslo o no, y nos arroja a una depredación continua. Y cuando, como Ouroboros, nos devoramos a nosotros mismos, podemos atisbar la fantasía de que no somos el objeto, sino la onda que lo mueve. Como péndulos de colores bailando la ola y siendo espectáculo asombroso para el observador privilegiado. 







La experiencia de ser ola, vibración, continuidad sin solución desde el origen del universo en un mar cósmico de seres y objetos, animados momentáneamente por el seísmo temporal, es un prístino estado tan, pero tan esencial, que nos borra toda creencia (gategate, paragate, parasamgate, bodhi svaha…) y nos despoja vertiginosamente en la energía oscura del No ser más allá del ser.

Hasta que cesa y cambia: Volvemos a encarnarnos, a reencargarnos de nuestra particularidad, sabiendo sin ningún atisbo de duda, de que también eso volverá pues era y es, una puerta más, un pórtico inevitable en el sendero elegido osadamente en este estadio de la batalla. Y agradecidos o decepcionados, tanto da, nos consagramos al servicio del alma colectiva del que somos parte. Siempre solos, siempre ineludiblemente juntos… hasta el próximo y terrible pórtico.

Ahí nos vemos.